El Imperio Romano abarcaba la parte más próspera de la tierra en el siglo II después de Cristo. Las principales conquistas de los romanos se dieron durante la República, pero el emperador Augusto estableció, en su testamento, que el Imperio Romano se mantuviera dentro de los linderos que la naturaleza le había puesto, esto es al poniente el Atlántico, al norte el Rin y el Danubio y los desiertos de Arabia y Africa. Sus sucesores siguieron el sistema recomendado por Augusto, pero el Emperador Marco Ulpio Trajano decidió que ya era momento de ampliar el Imperio así que peleó contra los dacios y ganó. A la muerte de Trajano, el emperador Adriano (su sucesor), descartó las conquistas orientales de Trajano, aún así el Imperio tenía más de 3000 km de ancho, desde la valla de Antonino y los linderos septentrionales de Dacia hasta las cumbres del Atlas y el Trópico de Cáncer, y un largo de más de 5000 km desde el océano occidental hasta el Éufrates. Cada ciudad del Imperio conservaba el régimen de sus antiguas ceremonias, pero las provincias carecían de poderío público y libertad constitucional.
Durante los siglos III y IV, Roma enfrentó una gran inestabilidad política:
Entre 235 y 284 d.C., el imperio tuvo más de 20 emperadores en menos de 50 años. Esta etapa se conoce como la Crisis del siglo III.
Del año 250 hasta el 265 hubo una plaga, durante un tiempo murieron en Roma cinco mil personas al día y muchas ciudades quedaron despobladas.
En el año 285 después de Cristo, el emperador Diocleciano estableció la Tetrarquía para reorganizar el Imperio, aunque esto debilitó la unidad política del Imperio. El Imperio se dividió en cuatro partes: Oriente, Italia, Danubio y el Rin. La fuerza de las legiones estaba en manos de los cuatro partícipes de la soberanía. El sistema de Diocleciano creó un gobierno más costoso y por lo tanto se necesitaban más impuestos, esto no le gustó al pueblo y las quejas se extendieron hasta la caída del Imperio. Despuués de reinar por 20 años, Diocleciano renunció al Imperio, la ceremonia de su renuncia se llevó a cabo el 1 de mayo del 305, después de eso el Imperio pasó por cinco guerras civiles y para el año 314 el Imperio estaba dividido en dos: Occidente estaba al mando de Constantino y Oriente bajo el mando de Licinio. La guerra comenzó y Licinio perdió los territorios de Panonia, Dalmacia, Dacia, Macedonia y Grecia que se incorporaron al Imperio de Occidente. La fundación de Constantinopla y el establecimiento de la religión cristiana fueron las consecuencias inmediatas y memorables de estos cambios.
El imperio enfrentó:
El costo de mantener un ejército tan grande y defender fronteras extensas debilitó las finanzas del Estado.
Uno de los factores más decisivos en la caída del Imperio Romano fueron las invasiones de pueblos germánicos.
Entre los pueblos invasores estaban:
En 410 d.C., los visigodos dirigidos por Alarico I saquearon Roma. Fue un golpe simbólico muy fuerte: Roma no había sido tomada en casi 800 años.
En 455 d.C., los vándalos volvieron a saquear la ciudad.
Además, la presión de los hunos liderados por Atila obligó a muchos pueblos germánicos a invadir territorio romano en busca de refugio.
Del año 441 al 453, la historia de Europa se vio dominada por una serie de campañas militares obra de Atila «el azote de Dios». En el año 444 o 445, Atila mandó asesinar a su hermano Bleda, y se hizo jefe indiscutible de su pueblo. Constantinopla aprovechó la oportunidad para cortar unos pagos anuales que hacía a los hunos. Atila envió una embajada a Constantinopla para quejarse por los retrasos, los romanos de Oriente replicaron que estaban dispuestos a conferenciar, pero nada más. Atila mandó a sus ejércitos, barrió el Danubio y destruyó los fuentes fronterizos a su paso. Los romanos perdieron junto al río Utus, Atila se dirigía a la capital del Imperio de Oriente. El pueblo bárbaro de los hunos se hizo tan fuerte que se apoderó de más de un centenar de ciudades y casi llegó a poner en peligro a Constantinopla, con lo que la mayoría de los hombres huyeon de ella. Los romanos de Oriente se vieron obligados a solicitar la paz.
En el año 452, el Imperio de Occidente había perdido toda la Britania, la mayor parte de Hispania, las provincias más ricas del norte de África, las partes de la Galia del suroeste que habían sido cedidas a los visigodos y la Galia del sureste, cedida a los burgundios. Además, una buena parte de lo que aún conservaba se había visto envuelta en duras luchas durante la última década y los ingresos procedentes de esas zonas se habían reducido de forma sustancial.
16 años después de la muerte de Atila, en el 469, el imperio huno estaba destruido y los últimos hunos buscanban asilo en el interior del imperio romano de Oriente, su extinción iba a provocar profundas repercusiones en el occidente romano.
El problema más claro al que debía enfrentarse el Occidente romano en torno al año 460 era el de la crisis de sucesión a medida que los regímenes de Occidente se hacían y se deshacían, los emperadores de Oriente intentaban, según parece, identificar y apoyar a los que tenían alguna posibilidad real de generar estabilidad. En el año 468, mientras lo que aún quedaba del corazón y de los límites exteriores del imperio se convertía en territorio de anexión para los grupos no romanos, o simplemente se desvanecía, en el centro del imperio —tanto en el de Italia como en el de Constantinopla— reinaba la confusión y la indecisión. Para el año 470 el principal problema del estado romano era la falta de dinero. Odoacro decidió distribuir entre los soldados parte de las fincas en Italia, porque no había dinero para pagarles su salario. En 476, Odoacro depuso a Rómulo Augústulo y se proclamó rey de Italia, este momento simboliza el fin del Imperio romano de Occidente.
El Imperio romano de Oriente continúo prosperando, aunque las estructuras centralizadoras clave del imperio habían desaparecido. Ya no se reconocía a una única autoridad legisladora, las estructuras fiscales controladas por el centro habían dejado de habilitar a un ejército profesional.
La caída del Imperio Romano de Occidente marcó el inicio de una nueva etapa histórica.
Tradicionalmente, el año 476 d.C. señala el inicio de la Edad Media en Europa.
Se fragmentó el territorio en distintos reinos germánicos:
El sistema imperial fue reemplazado por estructuras políticas locales.
Se desarrolló progresivamente el sistema feudal, basado en relaciones de vasallaje.
El Imperio Romano de Oriente, también llamado Imperio bizantino, continuó existiendo hasta 1453.
Este imperio preservó la cultura romana y griega durante casi mil años más.
A pesar de su caída, Roma dejó un legado duradero:
El mundo moderno aún refleja muchas influencias romanas.
La caída del Imperio Romano de Occidente no fue un evento repentino, sino el resultado de múltiples factores:
Más que un colapso instantáneo, fue una transformación profunda que dio origen a la Europa medieval.
La historia de Roma nos enseña que incluso los imperios más poderosos pueden debilitarse si enfrentan crisis internas y externas simultáneamente.